El tiempo es relativo

¿Recuerdas los la decada de los 70? Cuando ves un Seat 850 Coupé delante de una fonda retrocedes al siglo pasado, más o menos a 1975 o así. 

Eran otros tiempos. El trabajo era abundante y la vivienda no suponía un gran problema, podías alquilar o comprar sin grandes dificultades. Supongo que por estas razones las familias se componían frecuentemente de tres generaciones bajo un mismo techo y las vacaciones unían en los pueblos a enormes ramificaciones de linajes con apellidos populares de gran fuerza demográfica.

Mucho hemos cambiado. Yo, por lo menos…

Recuerdo que, siendo un niño, este modelo de coche me hacía soñar con ser un conductor de rallyes o un James Bond. Mi imaginación era limitada, puesto que el cine era mi referente, pero no mi escuela, y mis lecturas estaban enfocadas a los estudios o a un consumo que siempre me pareció irracional. El dinero empezaba a pudrir la cultura y yo, entonces, ¡ya lo tenía claro! 

Me pregunto si fue el teléfono o la televisión lo que cambió las cosas; otras personas dirán que fue la llegada de la democracia, pero creo que todo este tiempo ha sido un sueño hipnótico. Diría que a pesar de los grandes cambios, todo sigue igual en lo esencial: nacer, crecer, PRODUCIR y esperar que los amos de la granja se compadezcan y nos dejen, con su majestuosa caridad, tener una vejez digna. 

Aún con todo lo dicho, me he quedado sorprendido con esta visión que he retratado con mi teléfono móvil. La razón es bien sencilla, el coche no ha perdido ni un ápice de su magia para impresionar: rojo chillón, aspecto deportivo, exclusividad, oportunidad de aventura, sensación del poder de la juventud…, esas cosas que me llamaron la atención siendo un niño. Ese áurea fantástica que alimenta mi imaginación está viva gracias a algún/a friki que ha restaurado este original vehículo. Por eso le agradezco su constancia en su afición, ya que el resultado tan visible de su empeño me ha traido buenos y malos recuerdos que me han hecho reflexionar sobre la relatividad del tiempo y la insoportable levedad de nuestra existencia.

Por cierto, mi primer coche fue un Seat 850 especial  de quinta mano. Tenía cuatro puertas. Era azul metalizado con carrocería tuneada para dar aspecto más deportivo. Ruedas anchas y llantas deportivas. Doble carburador y culata de Abarth 1000. Asientos abatibles e interior tapizado en rojo chillón. Debió pertenecer a algún artista de los de oficio, no de los que busca fama… Por eso digo que eran otros tiempos.

La singularidad es la belleza

Es belleza aquello que nos llama la atención sin provocar ninguna acción en consecuencia. Sí, eso es lo que me parece. Es un estímulo placentero e improductivo a la vez que efectivo. No nos llama a una acción refleja de atracción o rechazo sino que promueve la reflexión interior… a encontrarnos con nuestro yo más puro. Osea, que la belleza que vemos conecta con nuestra singular alma. ¿No?

Preparados para gestionar redes sociales

Recientemente he impartido un curso intensivo de “Herramientas de comunicación para gestionar redes sociales para entidades sociales” en Castelldefels

Con las dificultades propias de la limitación del tiempo y la rapidez y disponibilidad que exigen los tiempos que vivimos, hemos conseguido concluir un curso acelerado para entidades y asociacionesnonprofit” de herramientas para gestionar las redes sociales.

biblioteca-ramon-fernandez-jurado-castelldefels

¿Cómo se ha desarrollado?

Han sido cuatro sesiones de dos horas en las que hemos relatado cómo funciona internet, qué papel juega el navegador, por qué es importante una página web, qué son los CMS, qué son las redes sociales, qué puedo compartir y algunos trucos SEO para contenidos.

También hemos configurado el navegador para gestionar RSS, almacenar contenidos para compartir, administrar en carpetas recursos online, conseguir extensiones para administrar varias redes sociales y utilizar herramientas online para obtener interesantes métricas.

wp-1486671534492.jpeg

¿Y ahora qué?

Ahora hay que caminar por la senda del marketing para la gestión de las redes sociales, pero eso ya depende de cada cual. En este breve pero intenso curso hemos visto el camino y las herramientas… ahora ¡a compartir!

Protagonistas…

Quiero agradecer a todas las personas que habéis participado y a las entidades a las que representáis por vuestra colaboración. También al Ajuntament de Castelldefels, a la biblioteca Ramon Fernàndez Jurado y a Fundesplai por haber convocado este curso y, en especial, la valiosa ayuda de Montse y Tatiana.

Si tengo ocasión de repetirlo, mejoraré seguro el curso atendiendo los valiosos comentarios que he recibido.

 

Libre para compartir

Una lucha contra la mercantilización del arte…

Ya queda poco de romanticismo. El dinero es la vida y todo se mide en números positivos en la cuenta bancaria. Tanto tienes, tanto vales… ¿Y el arte? Si lo que expresas no vende… ni es arte ni es nada.

Una luz: Copyleft… Vive y deja copiar.

Buen rollito: Creative Commons = respeta mi trabajo y comparte civilizadamente.

Haz lo que diga tu conciencia, pero si haces arte por dinero serás tan surrealista como Dalí, pero él golpeó primero y tu estarás después.

Crea libre, comparte libre y serás pura humanidad.

Ser o no ser “influencer”

Intertnet es un mundo nuevo y por eso puedes ser lo que quieras en él. Hay espacio para, por ejemplo, mutar en personaje virtual -y proyectar tus carencias como poderes y habilidades- o ser influyente gracias a oscuros designios basados en opacos algoritmos. Todo esto es posible gracias a la métrica surrealista y a la obsesión por lo viral. Ser alguien o no ser nada depende únicamente del tiempo que dedicas a tu otro yo virtual.

Lo malo de vivir entre dos mundos es que puedes perder la perspectiva de la realidad y quedarte en un limbo perdido y en soledad.

Si no sabes dónde vas, mejor apaga el ordenador, el móvil, la radio, la televisión y sal a pasear. El aire en la cara te despejará la visión y poco a poco recuperarás tu vista a águila.

Y ahora me voy a la calle a recibir unos rayos de sol… 👌😁

Veo las tripas de mi ordenador

La tecnología ha cambiado el saber por el consumir
La tecnología ha cambiado el saber por el consumir

Veo las tripas de mi ordenador y miro mi tablet. No son hermanos

En todo este tiempo de mi vida que he compartido con los dispositivos informáticos he visto muchas cosas y he tenido tremendas experiencias. He vivido revoluciones tecnológicas impresionantes, pasos de gigante en la comunicación que hacen sonreír al mirar atrás. ¿Quién se acuerda del ruido de un modem al conectarse a la red?

Me preocupa lo rápido que olvidamos lo que hemos andado. Ahora tenemos teléfonos móviles que visualizan imágenes en tiempo real en streaming mientras intentamos salvar nuestros PC´s y portátiles de la cruel obsolescencia.

Cuando crees que controlas la tecnología, zas… aparece un nuevo concepto que te paraliza con su soberbia ante tu ignorancia. Ayer nos preocupábamos por entender los sistemas operativos y los programas, hoy nos preocupamos por estar simplemente a la última. Ya no importa el saber sino el consumir.

Los ordenadores mueren de manera programada y las baterías ya no se sustituyen porque su duración es mayor que la del ciclo de vida comercial del producto. La tecnología puede durar más, pero la moda mata al producto antes de que lo empecemos a comprender. No nos quieren listos, dicen por ahí, nos quieren consumidores compulsivos.

Por eso intento reciclar aparatos que son viejos a los tres o cuatro años. Me dicen que ya tengo una edad por encima de la media y que puede ser una cosa sintomática de esas que tienen las personas a las que ya no se consideran productivas.

Hoy día me faltan fuerzas para seguir lo nuevo, pero no es por ser mayor, es porque ya no creo que estos productos cubran mis necesidades actuales. Sé que diseñan otras nuevas y que, como el perro de Pávlov, empiezo a salivar cuando entro en el Mediamarkt, pero ya controlo mis impulsos mejor. También es importante sentirse cómodo al tener los bolsillos del pantalón vueltos del revés porque esta crisis agudiza la capacidad para detectar mentiras, especialmente publicitarias.

Lo que sí aprecio ahora más es mi tiempo. Ahora veo con más claridad cómo lo pierdo y cómo la tecnología transforma este tiempo en valor en un nuevo capitalismo salvaje virtual. Un Bitcoin es, en esencia, mucho tiempo perdido. Por ahí van los tiros.