La pobreza que llega no es de fuera..

La pobreza se impone desde el abuso

Hace ya mucho tiempo que se conocía el presente y el futuro que nos espera. Recuerdo perfectamente frases como la que decía que «en el futuro el trabajo será un bien escaso» y algunos vaticinios sobre las desgracias que traería la superpoblación y el agotamiento de los recursos naturales. Estas cosas se sabían en los años 70 porque ya entonces se veía con claridad, sin grandes perpectivas intelectuales, que la codicia de las multinacionales surgidas a raiz de las grandes guerras no tendría límites.

Sí, nuestras desgracias son proporcionales a los beneficios de las grandes corporaciones industriales y financieras, que ya no conocen mayor valor ético que el crecimiento del 15 o 20% anual. Son tan simples en sus planeamientos que aplican anualmente el principio 20-80 de Pareto para no tener que pensar.

¿Por qué no se ha hecho nada al respecto? Pues me temo que porque nos conocen perfectamente. Imagínense: la experiencia milenaria de las religiones para administrar rebaños, más la psicología mercenaria -surgida a partir de los años 50-, sumadas a la ingeniería financiera y, lo más importante, la codicia infinita de organizaciones tan deshumanizadas que invierten, por ejemplo, en bombas de destrucción masiva porque el horror es un negocio seguro. ¿Cómo nos iban a dejar ser libres?

Pero hay esperanza para todo siempre. La libertad y el amor brota en las personas que se apartan del camino para ver más allá. Eso sí, que no se entere nadie, porque los rebaños no soportan las ovejas descarriadas y los lobos esperan que estas sean señaladas por su propio grupo para zamparselas sin esfuerzo.

Este artículo puede parecer demagógico y delirante, pero peor es trabajar para pagar los sueños que te imponen. Así que un consejo inteligente que escuche cuando era pequeño es ahora mi máxima: «Cuanto menos sepan de uno mejor».

Hay un pequeño problema. Hoy es imposible tener secretos. Pero la máxima recupera su fortaleza cuando comprendemos que no se trata de discreción o de silencio, sino de desinformación. A veces mucha información es la mejor manera de pasar desapercibido. En eso estamos.

La foto está tomada en junio de 2016.

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Ese otro ser que habita en mí

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Cazado por una cámara de seguridad. Un amigo que se dedica a controlar las cámaras de los cajeros automáticos, me reconoció y me ha pasado esta foto. No hay duda de que soy yo, porque saqué 20 € y el apunte bancario coincide con el registro de la imagen. Lo que ocurre es que no me acuerdo de nada, porque ocurrió a las cuatro de la madrugada de un sábado.

A veces tenemos reacciones extraordinarias como respuesta a situaciones imprevisibles. Es en ese momento cuando aflora el ser desconocido que llevamos dentro. No hay problemas si cada uno hace lo suyo. Pero el conflicto estalla cuando queremos ser como el otro. Así que voy a ver si me centro un poco y, de paso, averiguo quién soy realmente…